Tuesday, 14 November 2006

¿Quién se ha llevado mi queso?

De un tiempo a esta parte todo ha cambiado, ya no soy la misma y en parte me alegro. Soy feliz por no vivir más en una urna de cristal pero me entristece pensar que he cambiado mis paredes de cristal por barrotes, ni siquieran son barrotes de cristal, eso al menos me permitiría olvidarlos de vez en cuando…Ahora no vivo aterrorizada por mis propios fantasmas, de eso se encarga mi madre. Amablemente proyecta sobre mí los suyos propios con la triste intención de convertirme en una amargada incapaz de tomar sus propias decisiones…
Pero no todo es tan negro, el sol brilla en mi vida con fuerza, son muy escasos los días en que tengo que resguardarme bajo el paraguas de la desolación y si esto me ocurre ahora me veo con fuerzas para reponerme. Puede que no sea la persona más optimista del mundo, de hecho de tener que definir mi estado actual sería el de realista. He dejado a un lado mis ideales románticos de desilusión y desolación, de amargura y tormentos, supongo que Byron no estará muy contento con esto, nos habíamos hecho tan amigos… de hecho ni siquiera creo que merezca un puesto entre los verdaderos realistas, pero con la venia de Galdós me adjudico el privilegio.
Si cierro los ojos puedo recordar con precisión planimétrica en que momento de mi vida decidí que todo iba a cambiar. 15 de octubre de 2005, estábamos Musama, Ro y yo en el metro de Arguelles subiendo las escaleras y fue entonces cuando me di cuenta, ¡se acabó auto compadecerme y no disfrutar de mi vida! Fue como un golpe de absoluta certeza, sabía que las cosas iban a cambiar y por primera vez estaba decidida a seguir el curso de mis pasos sin miedo a no saber donde me llevarán…ha llovido mucho desde aquella tarde, ahora soy la persona incompleta y a medio hacer que debería haber sido hace mucho, mucho tiempo. Resulta curioso compactar las experiencias de una vida en tan solo un año, no se lo recomiendo a nadie. Soy una anciana de espíritu atrapada en el cuerpo de una chica de 23 con mentalidad de una niña de 18… puede que reciba mil bofetadas en la vida, pero estoy dispuesta a aceptarlas. Puede que cometa mil errores imperdonables, pero de ello de aprende y cada golpe o empujón nos hacen más fuertes, cada decisión equivocada nos enseña…
Para concluir este soliloquio citaré a un gran poeta de siglo XX: “La cobardía es asunto de los hombres no de los amantes, los amores cobardes no llegan a amores ni a historias, se quedan allí. Ni el recuerdo los puedes salvar, ni el mejor orador conjugar…”

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