Desde bien entrada la noche no hago más que escuchar el mismo ruido…una y otra vez ese repiqueteo constante e incansable. Y, no me mal interpreten, no es que el ruido me moleste, en realidad resulta un nana bien agradable, es esa sensación de discontinuidad, el no saber cuando se va a producir el siguiente golpe. Me voy a volver loca y todo por un insignificante ruido que cada vez parece más alto. Como si el volumen lo regulasen acorde a mi mal estar, a mi nerviosismo. Y es que no soy capaz de entender qué máquina infernal puede realizar un sonido tan poco mecánico, tan discordante con el ambiente que me rodeaba.
Durante un segundo parece que todo se ha terminado y que puedo intentar dormir, al menos un par de horas antes de tener que levantarme. Pero no, cuando por fin empiezo a encontrar una postura cómoda, de nuevo ese discontinuo ronroneo. Ploc…ploc…plocploc…ploc…
Intento taparme la cabeza con la almohada al estilo de todas esas películas que nos han hecho ver durante todas esas horas de inconsciencia frente a la televisión, pero, por supuesto, tampoco parece funcionar. Es más, el eco en mis oídos es aun más atronador. Ploc…plocploc…plocpoloc…plocploc…ploc….
¡Dios, necesito dormir! Miro el reloj desesperada, las horas parecen volar, ya sólo me quedan tres para levantarme. Y de nuevo el ensordecedor sonido.
Cierro los ojos esperando que el cansancio acumulado de estos últimos tres días pueda conmigo, intento relajar todo mi cuerpo, me traslado mentalmente a un lugar más tranquilo en el que una hoguera crepita junto a una pecera, pero los peces parecen confabulados con mi estúpido malestar y me miran tras el cristal como simples muñecos de trapo. Plocplocploc…ploc….ploc…
Palpando en la mesilla de noche junto a mi cabecero alcanzo una caja de pastillas, no quiero abrir los ojos porque eso implicará admitir que sigo despierta, busco a tientas el vaso de agua y me tomo una de las cápsulas. Ploc…ploc..plocploc
Estoy desesperada, el reloj marca las 5 me quedan 2 horas y sigo despierta. Enciendo la luz y cojo el primer libro que encuentro en el suelo: Guerra y Paz, no parece una mala opción, Tolstoi siempre me ha hecho dormir placenteramente. Me sumerjo en las guerras napoleónicas, páginas y páginas de detalles sobre una sociedad olvidada. Llego a la página 100, nunca antes lo había conseguido, y aun así puedo escuchar de fondo ese maldito ruido. ¿Es cada vez más alto? no puede ser que durante toda la noche no haya parado ni un mísero segundo, ni un minuto de paz.
Apago la luz, pero el sol empieza a salir y mis cortinas no son suficientemente gruesas para bloquear la luz natural. Me levanto casi histérica y bajo la persiana de golpe, la cuerda me quema la mano pero al menos puedo regresar a la cama.
¿Y si cuento ovejitas como cuando era pequeña? una…dos….sesenta…mil doscientas…ni siquiera puedo acompasar mi cuenta mental al sonido de mis pesadillas, ¡es tan desesperante!
Me quedan 30 minutos para levantarme, ni siquiera puedo cerrar los ojos…respiro hondo y lo intento de nuevo, se me saltan las lágrimas.
Plocploc…plocplocploc…ploc… ¿es que no se va a acabar nunca? Entonces empiezo a pensar ¿Y si ya no hay ruido? ¿Y si lo que oigo está en mi cabeza? ¿Y si me he vuelto loca?
15 minutos…ploc…ploc...plocploc
6 minutos…plocploc…plocploc
2 minutos….
¡No puedo más!
Durante un segundo parece que todo se ha terminado y que puedo intentar dormir, al menos un par de horas antes de tener que levantarme. Pero no, cuando por fin empiezo a encontrar una postura cómoda, de nuevo ese discontinuo ronroneo. Ploc…ploc…plocploc…ploc…
Intento taparme la cabeza con la almohada al estilo de todas esas películas que nos han hecho ver durante todas esas horas de inconsciencia frente a la televisión, pero, por supuesto, tampoco parece funcionar. Es más, el eco en mis oídos es aun más atronador. Ploc…plocploc…plocpoloc…plocploc…ploc….
¡Dios, necesito dormir! Miro el reloj desesperada, las horas parecen volar, ya sólo me quedan tres para levantarme. Y de nuevo el ensordecedor sonido.
Cierro los ojos esperando que el cansancio acumulado de estos últimos tres días pueda conmigo, intento relajar todo mi cuerpo, me traslado mentalmente a un lugar más tranquilo en el que una hoguera crepita junto a una pecera, pero los peces parecen confabulados con mi estúpido malestar y me miran tras el cristal como simples muñecos de trapo. Plocplocploc…ploc….ploc…
Palpando en la mesilla de noche junto a mi cabecero alcanzo una caja de pastillas, no quiero abrir los ojos porque eso implicará admitir que sigo despierta, busco a tientas el vaso de agua y me tomo una de las cápsulas. Ploc…ploc..plocploc
Estoy desesperada, el reloj marca las 5 me quedan 2 horas y sigo despierta. Enciendo la luz y cojo el primer libro que encuentro en el suelo: Guerra y Paz, no parece una mala opción, Tolstoi siempre me ha hecho dormir placenteramente. Me sumerjo en las guerras napoleónicas, páginas y páginas de detalles sobre una sociedad olvidada. Llego a la página 100, nunca antes lo había conseguido, y aun así puedo escuchar de fondo ese maldito ruido. ¿Es cada vez más alto? no puede ser que durante toda la noche no haya parado ni un mísero segundo, ni un minuto de paz.
Apago la luz, pero el sol empieza a salir y mis cortinas no son suficientemente gruesas para bloquear la luz natural. Me levanto casi histérica y bajo la persiana de golpe, la cuerda me quema la mano pero al menos puedo regresar a la cama.
¿Y si cuento ovejitas como cuando era pequeña? una…dos….sesenta…mil doscientas…ni siquiera puedo acompasar mi cuenta mental al sonido de mis pesadillas, ¡es tan desesperante!
Me quedan 30 minutos para levantarme, ni siquiera puedo cerrar los ojos…respiro hondo y lo intento de nuevo, se me saltan las lágrimas.
Plocploc…plocplocploc…ploc… ¿es que no se va a acabar nunca? Entonces empiezo a pensar ¿Y si ya no hay ruido? ¿Y si lo que oigo está en mi cabeza? ¿Y si me he vuelto loca?
15 minutos…ploc…ploc...plocploc
6 minutos…plocploc…plocploc
2 minutos….
¡No puedo más!
