Tuesday, 12 December 2006

de todo lo visible y lo invisible

Dirk llevaba toda la noche mirándome. Podía sentir su deseo desde la otra punta de la habitación. Notaba cómo me desnudaba con la mirada cada vez que me movía para saludar a algún invitado. La tensión de su cuerpo, su deseo. Estaba segura que de haberse atrevido, hubiera cruzado la sala y me hubiera tomado ahí mismo. Pero el nuestro era un amor imposible y ambos lo sabíamos. El no era más que un simple panadero y yo debía atender compromisos importantes. Para el resto del mundo Dirk era invisible, para mi era la razón de mi existencia, el motor de mi vida. Era él y no el sol el que me calentaba en las mañanas de invierno cuando salía a pasear por la alameda, o al quedarme en la cama tras una noche de amor inconsistente. De todos los amantes de mi vida él es el único al que no había podido olvidar.
Recuerdo aquel día como si hubiera sido ayer. El olor de su cuerpo, la suavidad de sus manos fuertes acariciándome y descubriendo mi cuerpo, la dulzura con que me besaba.
Era una mañana preciosa de diciembre, el cielo estaba claro tras la tormenta de la noche y el aire era puro, estaba feliz. Caminaba con la esperanza de poder cruzarme con un joven del que apenas sabía su nombre pero que me tenía cautivada. Jamás habíamos cruzado una palabra, yo no solía deambular sola por las calles y él nunca se hubiera atrevido a hablarme estando mi ama. Pero su mirada era tan intensa, prometía tantas cosas…sólo de pensarlo me ponía mala, incapaz de moverme por miedo a derretirme, aterrorizada por el calor que sentía al pensar en su cuerpo forjado por largas horas de trabajo agotador junto a los hornos. Pensando en sus manos recorriendo mi cuerpo, con la misma dulzura con que amasaba la harina. Entregando en cada pieza una parte de si mismo y de su alma.
Al verle acercarse por el camino me puse nerviosa, me sentía como una niña. Tierna, desconocedora del mal, incapaz de entender porque me recorrían escalofríos por el cuerpo al pensar que podíamos rozarnos, que durante un segundo nuestros cuerpos estarían en contacto. Que el mundo a nuestro alrededor era estático. Fue un encuentro fugaz, él me miró y yo no pude más que dejarme caer.
-Deseo amaros hasta el amanecer- Me hizo esclava de la pasión.
Como en un sueño me dejé llevar, cruzamos la alameda y el río, pasamos frente a la capilla donde cada mañana rezaba por su alma. Al llegar al molino estaba temblando, él me rodeó con sus brazos y me llevó junto al fuego. Poco a poco me fue desnudando, con gestos suaves que prometían un universo de sensaciones prohibidas. Me mordí el labio para no gritar, ardía en deseo. Temblaba de necesidad, anticipándome a lo que él con cada beso insinuaba. Había imaginado esta situación una y mil veces pero nunca imaginé lo que él me iba a hacer sentir. Fue como una explosión de deseo en mi interior, quería gritar, llorar, reír. Nuestros cuerpos se fundieron en uno solo, bailando al son de una melodía imposible. El olor de su cuerpo me enloquecía, la harina recién molida se mezclada con el sudor cubriéndonos, impregnándonos de nuevos aromas y sensaciones. No deseaba separarme de él. Esa noche la pasamos abrazados, contemplando las brasas consumidas, reviviendo mil veces más nuestro amor, esperando que llegara el amanecer, desnudos. El me acariciaba el pelo, mientras al oído susurraba mi nombre, sus ojos eran un abismo de felicidad que prometía una vida de entrega y pasión incondicional.
Fue una experiencia tan abrumadora que a veces me pongo a temblar al recordarla, si cierro los ojos puedo revivir el placer que me hizo sentir, la locura, el verme perdida en un loop de desenfreno. A veces creo que perdí la razón aquel día y me alegro por ello.
Han pasado muchos hombres por mi vida, pero ninguno me hizo sentir como aquel día. He tardado casi una vida en comprender que Dirk me amaba y yo le amaba a él, me sentía protegida en sus brazos, sabía que nada malo podía ocurrirme estando allí. El amor es un sentimiento tan esquivo, lo confundimos con deseo, necesidad. Pero sé que aquella tarde en el molino recostada sobre una manta raída por el uso, rodeada de harina comprendí lo que era amar a un hombre y que un hombre me amase a mí.

1 comment:

AndRES said...

Vaya por dios! No había entrado en tu Blog hace días y me encuentro esta estupenda historia! Me ha gustado mucho como describes los sentimientos, y como haces cambios de lo que quería la protagonista y lo que paso… Dejas abierta una sensación de realidad- fantasía que inquieta y es lo que mas atrae… Sigue así! Salu2.